Privilegio

Y es un frágil equilibrio estar en la naturaleza y fuera de ella. Apreciar el gran privilegio que es tener vecinos de ojos de diversas formas, que abren sus caminos bajo el húmedo suelo, entre las raíces. Emplumados que bendicen los cielos en un gran canto de frenesí y fertilidad. Cuán doloroso es ver la destrucción de un mundo que apenas empiezo a entender aunque lo haya observado incansablemente por años.

La distancia insalvable de la cual los desentendidos se enorgullecen. Esa sucia palabra “construcción”. Aquellos se ufanan de usarla, como si lo que hubiese antes no fuera ya todo un mundo que mereciera nuestra atención. Como si no fuera un mundo que mereciera existir, es, pero sin ser visto y por tanto es desplazado, atravesado, como si existiera en otra dimensión ajena a la urgencia de la vida, inasequible por vulgar terquedad.

Inertes las mentes, estériles e inconscientes de que lo único que ven a su alrededor es a sí mismos. Fatuas inteligencias que se felicitan entre sí por su ignorancia colectiva. El primate narcisista que anda en dos patas tan convencido de que lo que es con la tierra, no es con él.

Anatomía del mal

Tenemos mucho para decir sobre los animales, sobre la naturaleza. Creencias, conocimiento empírico. Interacciones diversas. En nuestros marcos de pensamiento encerramos nuestra visión de lo que ellos son, o deben ser, en el infinitivo de obligación o conjetura.

Los animales comparten un universo físico con nosotros, otro animales, conmigo y mis coespecíficos, y aún así viven en otros mundos, con conciencias y procesos mentales distintos.

Qué maravilloso es ese otro! Ese otro que me mira en lo que yo creo es la más pura expresión de inocencia. Nos contemplamos desde universos distintos, nos permitimos interacturar, llegar a una negociación de no daño.

Qué hermoso es ese otro! Que misteriosa esa conexión temporal con aquello que nunca lograré entender. Cuán única es esa otredad!